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ATENIENSES POR XALAPA

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Archivo: Junio 2009

CAMBIOS EN LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA

laemolina 17/06/2009 @ 06:37

logo-uv.jpgSe aproxima el cambio de Rector en nuestra Universidad. Como siempre, la Junta de Gobierno enfrenta los embates de los opinadores del más amplio espectro, principalmente de los aspirantes que sienten que sus anhelos no encuentran el cobijo que quisieran porque perciben que la Junta de Gobierno responde a intereses extraños.

El proceso de cambio, debiendo ser académico al cien, no deja de expresar tintes políticos que finalmente reflejan los intereses de grupos, tanto universitarios, como ajenos a la máxima Casa de Estudios de Veracruz. Se habla de proyectos y de diagnósticos, de personas y de personalidades. Ciertamente, todo es importante y necesario de conocer. Sin embargo, ni los proyectos ni las personalidades son definitivos para lograr las transformaciones que la Universidad necesita; obviamente son necesarios, pero no suficientes.

La Universidad -esta y cualquier otra- la hacen los académicos y los estudiantes, así como todos aquéllos que prestan sus servicios en ella. El quehacer universitario es, por definición, un quehacer de transformación, pues con el pensamiento, el análisis, la investigación, la difusión y la docencia todo debiera transformarse en bien de la sociedad. Si el inmovilismo y el marasmo son los límites del trabajo universitario, todo quedaría destruido y acabado. No pueden los intereses de grupo luchar porque las cosas queden como están; se requieren transformaciones radicales, internas y desde las bases o trincheras de la institución.

Los discursos, las palabras bonitas, los eventos glamurosos, las grandes personalidades del mundo de las letras recibiendo doctorados honoris causa, si que enaltecen el nombre de nuestra Universidad Veracruzana, pero no la transforman.

Los universitarios que trabajamos en las trincheras mismas de la Institución pensamos que urgen cambios de organización y estructura, así como de mando y dirección para generar condiciones adecuadas que permitan reorientar la educación y la investigación y mejorar los estándares de desempeño institucional, sobre todo a la luz de los organismos calificadores, tanto nacionales como internacionales.

No son los Rectores iluminados, ni congraciados con la luz de la verdad, lo que las universidades necesitan; se necesitan rectores que entiendan que las universidades -como muchas otras organizaciones complejas- deben ser administradas de abajo hacia arriba, y no desde las cúpulas a las bases.

Los administradores hemos dicho muchas veces, en la más pura ortodoxia, que la estrategia dicta la táctica; pero, la realidad dice otra cosa: es la táctica la que dicta la estrategia. De modo que el nuevo Rector de la Universidad Veracruzana, así sea un ilustrado de la investigación con mil publicaciones internacionales, debe ir a las trincheras de la institución, esto es, a las aulas, hablar con los estudiantes, los profesores y los administradores, escuchar lo que dicen y piensan, y desde ahi trazar los lineamientos de cambio que la Universidad Veracruzana necesita urgentemente.

De los sindicalismos nefastos que la Universidad Veracruzana padece, habría que hablar en otra ocasión.

EL VOTO NULO, LA DEMOCRACIA ANTIDEMOCRÁTICA

laemolina 05/06/2009 @ 17:29

voto-nulo.jpgXalapa, Veracruz, 5 de junio de 2009.

Estamos a 5 semanas de las elecciones federales -y en algunos casos estatales- y los comentaristas de radio, televisión y medios escritos aducen por todos lados que "las campañas no levantan". En efecto, las ofertas políticas de candidatos a diputados no suelen tener el efecto que tienen las de los candidatos a poderes ejecutivos en sus tres niveles.

Pero además, la pragmatización de la política ha llegado a tal punto, que ya es un lugar común escuchar al más modesto de los ciudadanos decir que hay que votar por el candidato (la persona) y no por el partido.

Los partidos políticos en México -aunque el fenómeno parece mundial- han dejado de ser representativos de sectores importantes y crecientes de la sociedad. Muchos de nosotros no nos sentimos representados, ni podemos tampoco ubicarnos bajo ninguna sigla partidista.

La gente en general no distingue las líneas ideológicas de los partidos, y éstas, además, se han hecho cada vez más difusas ante los ojos de los electores. El PAN se acerca al centro, cuando era y nació desde la derecha; el PRD dejó de ser la poción radical para pretender ubicarse más al centro. Y ahora el PRI, de nacionalrevolucionario, aparece también como muy cercano y parecido al PAN.

Los demás partidos se pierden en el mapa perceptual que se configura en las mentes de los votantes mexicanos, sobre todo de los jóvenes.

¿Qué significa, hoy en día la izquierda, qué significa la derecha y qué el centro? Estas son cuestiones que las personas ni entienden, y por si fuera poco, tampoco les interesa. Incluso para los más ilustrados de la sociedad, las nociones de la geometría política contemporánea parecen ya no tener los mismos significados que hace años.

En Xalapa, los ciudadanos "ligeros" se inclinan por la persona del candidato, y expresan así preferencias personales, pero no preferencias políticas. Si Consuelito (Chelito) es guapa e hija de buena familia, si inspira confianza y le parece al elector una buena dama, de familia decente, que va a misa los domingos y que estudió -a lo mejor- en prestigiado colegio, es lo que el elector light observa; y en el mismo sentido, este mismo elector valora a los candidatos del PRD como sobrerudos y pelioneros. No les inspiran confianza.

Pero electores así, desconocen el fondo, sentido y finalidad de las políticas públicas que los gobernantes emiten desde las diversas ideologías de sus partidos.

Preferir estos lineamientos de caracter ideológico es lo que define la preferencia política, pero ésta, sencillamente no existe entre los ciudadanos. Lo que éstos quieren es que el candidato les inspire confianza y credibilidad. Necesitan un producto de imagen que les parezca simpático. El fondo de las propuestas, cuando existen y son claras, no interesa a nadie.

Por ello, y por muchas otras razones, los partidos políticos ya no representan nada, sino solo a sus burocracias de élite que viven de la política y de los recursos que los ciudadanos les proporcionamos con nuestros impuestos.

Mucha gente esta pensando en no votar; otros, quieren estrenar la ya muy citada "nulidad" del voto. Así, los anulistas pretenden hacer valer su derecho de acudir a las urnas, pero sin elegir, sino tan solo para anular su voto. El voto nulo es como no votar. Es una voluntad nula, una voluntad que rechaza, pero que no elige. Dicho de otra forma, es una voluntad electoralmente inútil.

Esta medida, si bien es una expresión ciudadana en libertad y conciencia, puede ser también una estratégica moda que provocará beneficios para el partido en el poder, pues evitará que los votantes marginales contribuyan efectivamente a la elección, dejando la plataforma del voto duro -el de los militantes seguros- en favor de sus partidos.

Es evidente que el voto nulo parece una opción promovida desde el poder empanizado; es una propuesta oscura, pero a la vez inteligente. Y habrá ciudadanos que no tengan otra opción, más que esa: anular su voto. Y si estos votos son demasiados, acercarán al sistema político mexicano a la ilegitimidad contundente.

Votar de forma nula no ayuda a la democracia, aunque sea una expresión democrática. Ciertamente, el voto nulo anuncia el rechazo de los ciudadanos a la política sucia y a la mediocridad de candidatos, ofertas políticas y campañas. El voto nulo es una expresión del asco ciudadano que los políticos y politiqueros deben entender y valorar.

Necesitamos que nuestros ciudadanos puedan postularse a puestos de elección popular sin necesidad de salir de los partidos.

Necesitamos que la legislación electoral cambie para dar cabida a esta opción. Bastarían pliegos con firmas para que Fulano o Zutano pudieran postularse. Así, los ciudadanos no representados, ni incluidos en siglas partidistas en calidad de militantes, saldríamos más convencidos y entusiasmados a votar.

En definitiva: no nos gustan los candidatos que las cúpulas partidistas imponen. Y en el caso del partido oficial en Veracruz (el PRI), tampoco gustan a los electores los candidatos que el Gobernador decide.

Así las cosas, muchos paisanos dicen: votar por los candidatos que hay, ¿para qué?

DESANGELAMIENTO ELECTORAL

laemolina 02/06/2009 @ 03:47

campanaspoliticas.gifLos candidatos a diputados, ya federales o estatales tienen, de suyo, graves problemas. En primer lugar, carecen de oferta real y efectiva y estan desprovistos del poder de la promesa que como diputados pudieran presentar a sus potenciales electores, y hacer efectiva una vez instalados en su curul. Y aún teniéndola, no la saben presentar a sus electores, y aún sabiéndolo, parece que éstos no la quieren o no la saben valorar.

Muchos de ellos aprovechan la elección paralela de candidatos a los poderes ejecutivos, tanto de ayuntamientos como de las entidades federativas, y más aún cuando coinciden con la presidencial. Es así como suelen viajar con boleto pagado, electoralmente hablando.

Los candidatos a diputados por los distritos de Xalapa -el rural y el urbano- de todos los partidos no saben qué decir a sus potenciales votantes. Unos, quieren aprovechar la obra del ejecutivo estatal, cuya "omnipresencia" parece ser ya atosigante para muchos ciudadanos. Otros, se montan al discurso anti narco del presidente de la república y, mediante el miedo, sugieren que si no se vota por ellos, entonces la guerra contra la delincuencia organizada cesará, poniendo en grave peligro a la sociedad y a nuestros hijos.

Otros más, desde la frustración del poder no obtenido, aseguran que la sociedad ahora les comprende más y una señora jura que es posible corregir, reconociendo que su pasado voto para la presidencial estuvo equivocado y que siempre es de sabios corregir.

En medio de la batalla atenuada de las campañas diputadiles -primero por el control absoluto de los spots, según la nueva legislación, y luego por la epidemia de influenza- dos líderes de partidos nacionales (PRI y PAN) se dan hasta con la cubeta a través de los medios y por medio de declaraciones en los noticiarios; pero las más fuertes contiendas parecen haberse trasladado al Internet, concretamente al Youtube, con los ahora denominados "youtubazos".

Ahí, los estrategas de la mercadotecnia electoral tratan de aminorar el rating y la preferencia electoral que las encuentas aseguran al PRI. El pan quiere quitarle participación electoral al PRI por medio de ataques y acusaciones de pasados contubernios celebrados por el otrora partido oficial. ¿Y cuál es la oferta política que interesa a los ciudadanos?

Luego, los líderes nacionales del PRI y del PAN anuncian un debate nacional con reglas muy bien puestas sobre la mesa. La dama del PRI, inteligente y experimentada, se enfrentaría al aguerrido "muchachito" del PAN, hábilmente asesorado por un publicista español que recibe fuertes honorarios del partido azul y, seguramente, del gobierno federal. No obstante, ni uno ni otro líder alcanza a comprender que la sociedad no votará por ellos, sino por candidatos a diputados. Entonces, ¿por qué habrían de debatir ellos y no, en cambio, los candidatos a las curules?

El líder del PRD, por su parte, sabedor que su imagen violenta, sustentada en los escobazos incivilizados en plena Cámara, ha desmejorado su presencia pública entre sus electores duros y entre los medios nacionales, entiende que lo que tiene que hacer por ahora es, cuando menos, conservar su registro. Ya vendrán mejores tiempos.

La realidad es que ni los candidatos, ni los electores, entienden bien cuál es, o debería ser, la agenda de campaña de un candidato a diputado. O sea, finalmente ¿qué es lo que debe y lo que en realidad puede hacer un diputado por su distrito y por los ciudadanos? Ese es el punto.  

Este desconocimiento empobrece las campañas, y sobre todo empobrece a la política, pero la actitud de los líderes -como el del PAN- la envilece, alejándola de toda consideración ciudadana, sobre todo cuando el mexicano común entiende que la burocracia partidista y los enormes costos de la política son pagados por sus impuestos.

La oferta política de los diputados es meramente legislativa. Un candidato a una curul solo puede ofrecer legislar, es decir, elaborar y aprobar leyes justas que resuelvan los problemas sociales. Debe, además, fiscalizar el ejercicio de los poderes ejecutivos y, si le queda tiempo, actuar como gestor en sus distritos.

¿Pero qué sucede?

Sucede que los diputados responden más y mejor a sus burocracias partidistas, representadas por la nefasta figura del "líder de bancada", que a sus propios electores. Y así, ¿para qué nos sirven 500 diputados de tres partidos grandes y uno que otro pequeño?

Si hubieran cinco partidos representantivos, con 500 diputados y cinco "líderes de bancada", bastarían entonces solo 5 votos para aprobar leyes y obtener acuerdos políticos, y no 500. ¿Para qué tanto gasto, entonces?