LOS CRONISTAS DE XALAPA
No sabemos, a ciencia cierta, qué clase de méritos deben concurrir en la persona de quien es nombrado cronista de una ciudad. Tampoco sabemos las virtudes o circunstancias que contribuyen a definir y designar la persona que ha de recibir esa honrosa distinción. No basta con ser nativo de una población, solamente, para de pronto emerger a la vida ciudadana como cronista. Sin embargo, los alcaldes y munícipes no suelen explicar por qué alguién es designado cronista. Los mortales suponemos que una razón ha de ser la de ser viejo; otra, la de ser veterano; otra, quizás, la de ser pintoresco ejemplar de la urbe. No sabemos, a decir verdad.
Lo que si sabemos es que no es lo mismo ser cronista que ser historiador. Un cronista es, en el mejor de los casos, un narrador, un contador de cuentos y leyendas. Nuestros padres, abuelos y otros antepasados nos contaban esas historias tan llenas de recuerdos y nostalgias que mucho evocaron los tiempos idos y los sucesos que la memoria traía a colación. Pero no es lo mismo ser cronista que ser historiador.
Ya se rescate el devenir de la sociedad y de las comunidades, o ya se rescaten las microhistorias de tradición oral de los barrios, las calles, las personas y los personajes, las parroquias, las leyendas, las calles y sus nombres, el croniosta solo apela a los decires de las personas y la gente. Lo que esta escrito, lo publicado y lo dicho por las personas del pasado.
La historia va más alla. La historia, ya la veamos como una ciencia o como una disciplina científica, necesita formación metodológica interdisciplinaria para investigar y descubrir las circunstancias sociales, políticas, económicas, psicológicas, morales y de todo tipo que definieron las decisiones de los hombres del pasado, sus consecuencias y repercusiones en todos los órdenes de la vida.
No cualquiera es historiador. Muchos, si, pueden ser cronistas. Pero aún así, nos preguntamos qué es lo que lleva al Cabildo de una ciudad, o bien a sus autoridades, a designar a "x" o tal persona a ejercer, honorariamente, como cronista de una población o ciudad.
Los sucesos históricos son cada vez más complejos y, para ser explicados en términos teóricos, requieren investigadores académicamente formados y con visión de 360 grados para ver y comprender la realidades históricas formadas y procesadas en el marco de la complejidad.
Para cronistas, se ha dicho, nos bastan los cuentistas y los platicadores más o menos pintorescos que abundan en las ciudades. Unos por estrafalarios, otros por ocurrentes y otros más porque aparecen en todo, a la manera del ajonjolí de todos los moles.
Nos preguntamos por qué razones, teniendo Xalapa una Facultad de Historia de la Universidad Veracruzana, nuestras autoridades no eligen a profesionales de la historia que eleven a mejores rangos el papel de las crónicas y las leyendas. Si tenemos una institución académica del tamaño de la Facultad de Historia, por qué, entonces, los atenienses hemos de tener sujetos pintorescos en estas lides complejas de la explicación histórica.
¿Que cruza las mentes de quienes proponen a estos personajes que transportan los aconteceres del pasado al presente explicándonos las causas de los devenires?
Solo Diódoro lo sabe... con seguridad!

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