El Estado de Derecho en México es una utopía, lo ha sido y lo seguirá siendo mientras el nivel general de educación de nuestro pueblo no ascienda de 4.5 años de primaria a cuando menos los grados de bachiller. Los pueblos -se ha dicho hasta la saciedad- tienen el gobierno que se merecen.
El Estado de Derecho no es cuestión de juristas ni de gendarmes, y tampoco exclusivamente una cuestión de leyes. Es, ante todo, un asunto de cultura y también de educación. Uno hace la distinción básica cuando la educación es cuestión de escolaridad, y la cultura asunto de valores, actitudes, creencias y tradiciones que conforman el modo de vivir de una sociedad, una nación y un pueblo. Desde el punto de vista de la educación estamos mal, ya lo han dicho hasta los funcionarios del sector y los propios burócratas sindicales que representan al magisterio. Y por el lado de la cultura, se ve a leguas que cada vez somos una sociedad que va perdiendo los valores elementales. México así, parece que se nos ha ido de las manos. Sus instituciones, que no son otra cosa más que valores, normas y funcionamientos, han dejado de ser eficaces simplemente porque ya se perdieron. Al aparato de justicia, ¿que lo caracteriza? Corrupción e impunidad. ¿Al magisterio? Chambismo, incompetencia y procacidad, con valiosas excepciones, como en todo. Y esto es grave, pues además de las familias, los mexicanos nos educamos en las escuelas, y en ellas estamos en manos de los maestros y maestras, y la pregunta es ¿quiénes son ellos y y quienes son ellas?
En todos los niveles del gobierno hallamos incompetencia, desdejo y pudrimiento. Dirán que soy pesimista, pero la sociedad y los lectores de este espacio podrán decir si se exagera. Reintero: en todo hay excepciones, pero aqui señalamos el punto de vista general. Entonces, cuando en las instituciones los valores se han perdido y la justicia se ha tornado un negocio lucrativo, cuando las normas ya no funcionan porque no hay ciudadanos que las hagan valer -ni arriba ni abajo- y cuando, finalmente los funcionamientos de las instituciones son nulos porque éstas han dejado de cumplir las funciones para las que fueron creadas, entonces es cuando los ciudadanos deberíamos preguntarnos:
¿Para qué contribuimos al Estado con nuestros impuestos y para qué elegimos en las urnas?
Veamos:
La Policía Municipal de Agua Dulce disparó en contra de una unidad que transportaba indocumentados y a balazos mató a tres personas. Hubo saña e inquina en esos actos. Pero aquí, como siempre, ahogado el niño a tapar el pozo, y es así como los Diputados locales condenan ahora los hechos y se pronuncian a favor de una investigación a fondo que conduzca a aplicar “un castigo ejemplar” a quienes resulten responsables. Pero Agua Dulce es apenas una muestra más, una verdadera rayita en el cuero del tigre.
Margarita Guillaumín Romero -una voz de respeto- es actualmente Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos y Atención a Grupos Vulnerables del Congreso veracruzano, y aseveró que hoy día se debe entender que el fenómeno migratorio no es un delito y que por lo mismo debe tratarse con civilidad, y jamás con violencia. Es el hambre lo que lo genera, aqui y en Europa.
Los hechos ocurridos en Agua Dulce solo pueden tipificarse como un delito a mansalva y arteramente criminal y que lo único que denotan es la falta de preparación profesional y capacitación, así como un nulo respeto a los seres humanos por parte de energúmenos, rabiosos y enloquecidos sujetos que el gobierno y las autoridades llaman "policías", pero que de tales, solo tienen el nombre.
¿Usted, amable lector, siente seguridad, admiración y respeto por "policías ministeriales" trepados en una tenebrosa camioneta, vestidos de mezclilla, camisas y votas vaqueras, panzones e iletrados, armados con una escuadra al cinto, ostentosos y petulantes?
Le pregunto, ¿sentiría que sus derechos humanos serán respetados si por azares del destino la justicia le persiguiese?
El estribillo popular dice que "quien nada debe, nada teme"; pero este proverbio funciona únicamente en países y sociedades civilizadas y sujetas a verdaderos y auténticos Estados de Derecho; pero en nuestro caso, si usted no la debe, quizás es cuando más deba temer, porque de seguro será usted un chivo expiatorio en quien, los ineptos policías -en todos sus niveles-, descargarán sus logros y éxitos ante sus jefes inmediatos. Y claro, la violencia contra usted, si Dios no lo quiera llegase a ser detenido, será la regla a seguir.
Nuestra "policía" es inepta y sin preparación profesional, mal seleccionada, sin formación en investigación científica para el crimen, mal pagados, mal educados, sin valores ni actitud de servicio y protección al ciudadano, y encima de todo, corrupta y despiadada. ¿Cómo sentirnos seguros con estos gendarmes socialmente resentidos y deseosos de venganza y de encontrar inocentes en quienes descargar sus frustraciones y odios social e históricamente acumulados?
Margarita tiene razón. Pero la pregunta ahora es, ¿y cuáles son las soluciones a los abusos de la "policía", a sus ineptitudes y descompisición?
De nada nos sirven los magistrados ni las promesas de los políticos; decir que Veracruz esta seguro es decir mucho, pero los ciudadanos vemos otras realidades. ¿Usted no, amable lector?