Del SNTE se había dicho todo, desde la corrupción sindical hasta la venta de plazas; que es además un freno natural de la educación de calidad, que cobija maestros ineptos y prepotentes; que es liderado por una persona non grata que usa a sus agremiados como carne de cañon para incrementar su poder político personal y que los profesores mismos la rechazan, es cosa sabida. Pero, lo que no se sabía -y no es que seamos incautos o candorosos- es que algunos de sus dirigentes y funcionarios sometieran a las maestras al acoso sexual y al cobro de favores por la vía sexual.
La maestras, bajo el natural anonimato, han declarado en conocida publicación electrónica (periodismo serio y profesional: Al Calor Político) que, luego de someterlas a esperas injustas y a un trato prepotente, algunos secretarios de despacho sindical les sugerían, bajo sutil amenaza o coacción, el cobro "con carne y cuerpo" de las gestiones recibidas para resolver sus problemas. Gestiones a las que tienen derecho y que de ningún modo debieran ser tratadas éstas como "favores" recibidos, como si el pago de obligadas cuotas sindicales no fuera suficiente para recibir un trato digno y decoroso.
El ejercicio del poder -más cuando éste radica en manos inmorales e impúdicas- no puede sino sobajar la dignidad humana al punto de la ignominia. Así ha sucedido en todos los Estados y naciones en los que la soberbia, la hegemonía, la ausencia de democracia y de elementales libertades, se imponen por medio de la fuerza, la omnipotencia y la dominación absolutas de unos sobre otros. En tales Estados, los gobernados tienen, sin duda, los gobernantes que se merecen; y lo mismo sucede en las organizaciones sindicales. Los sindicatos, en México, han sido males necesarios que -en el pasado cercano- adquirieron poder y potestad porque le sirvieron al poder público y a su partido como medios de control sobre los trabajadores "organizados" para favorecer el clientelismo electoral. El gobierno mismo formó monstruos que ahora son un estorbo a la educación, como el sindicato de marras.
Fueron también los sindicatos -salvo raras excepciones- instrumentos que coptaron las luchas genuinas para mejorar la condición social de los obreros, campesinos y trabajadores al servicio del Estado. Ese fue e papel histórico, por ejemplo, de la CTM. Sin embargo, el magisterio, que debiera ser la clase ilustrada de la sociedad, permitió que los liderazgos les controlaran creando clientelismo político y electoral al servicio del patón, el gobierno y su partido.
Pero lo que resulta increíble -si aún vale la ingenuidad del asombro- es que algunos líderes lúbricos e indecentes apremien a las maestras, a cambio de favores sexuales, para recibir traslados de adscripciones, plazas, problemas de pago y nómina, préstamos y otros problemas que la burocracia magisterial -tan oprobiosa como nefasta- genera por ineptitud o por estrategia, según se vea. Si lucrar con la necesidades es ya propio de inhumanos, hacerlo con el sexo y con mujeres llevadas por la necesidad laboral y puestas en la más absoluta indefensión, es propio de bestias.
¿Qué han declarado los líderes magisteriales al respecto?, ¿qué ha dicho la comisión de derechos humanos en la entidad?, ¿quién saca la cabeza? Estas y otras preguntas más quedarán ahi... la amenaza y el poder de los líderes magisteriales es total sobre las indefensas maestras.

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