No es este el mejor panegírico, ni sobre su persona, ni sobre su obra y trayectoria como virtuoso del violín. Pero los atenienses hemos perdido a un artista de primer nivel, de primer mundo. Xalapeño de nacimiento y de familia musical de cepa.
Hace ya muchos años asistí a un Concierto de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, la más antigua de México y surgida, además, desde los entusiasmos del pueblo y no desde los presupuestos públicos. En ese evento, el entonces Director del conjunto musical -no recuerdo su nombre- hizo un merecido homenaje al joven violinista que, recién llegado de Europa, donde realizó innumerables estudios musicales, se presentó ante los xalapeños como solista. Al final del homenaje, y luego del exitoso concierto, el Director de la Orquesta llamó a su padre, el también violinista Erasmo Capilla, quien con lágrimas emoconadas reconocía en su hijo el mérito de sus logros. Don Erasmo sabía que el hijo le había superado y con creces.
La satisfacción no era para menos. La familia entera esta dedicada al Sublime Arte de la Música, arte con el cual Dios se comunica con los hombres a través de los compositores y sus intérpetres ejecutantes, que no son sino sus instrumentos en la tierra.
Muchos años despues le escuché tocar con Roby Lakatos, el virtuoso húngaro, a quien trajó como invitado a la Atenas Veracruzana luego de conocerlo en aquéllas tierras.
Erasmo Capilla deja un vacío que será difícil de llenar; los atenienses y el público mexicano amante de la música hemos perdido un adalid.
Erasmo Capilla era, en vida, uno de nuestros orgullos y ahora lo seguirá siendo por siempre. Un xalapeño, un ateniense que puso muy en alto la cultura y el arte que se cultiva en Xalapa desde hace siglo y medio... le extrañaremos.

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