Xalapa, Veracruz, 18 de octubre de 2008.
Extraña ciudad la nuestra; Xalapa bien podría llamarse la ciudad de los topes. Topes para todo; lo mismo para disminuir la velocidad de los autómoviles, que para dizque asegurar a los niños que juegan en las calles.
Si un auto atropella a una ancianita, un tope. Si la mata, peor: dos topes. Si hubo una tragedia, más topes. Topes para tapar el pozo, una vez ahogado el niño. Topes por todos lados y cada 10 metros; los vecinos incluso los ponen sin mediar en nada la autoridad de tránsito. Y si no son topes, entonces son boyas, ingenioso invento que los automovilistas evitamos de modo también ingenioso, pues de pronto les aparecen huecos por donde buscamos pasar las llantas con todo tino. Burlar las boyas es un deporte citadino.
Pocas ciudades capitales del centro del país, y de otros lados, lucen topes en sus calles, y menos en sus grandes avenidas. La gente en esas metrópolis sabe caminar en las calles, y los conductores tienen los mínimos hábitos, aprendidos no de la noche a la mañana, sino luego de muchos años. Los cruceros de las calles se pasan 1 por 1, y ya no están a la vista porque ya generaron el hábito en los ciudadanos. No se necesita que estén a la vista, el sentido común de los ciudadanos y la mínima educación o cortesía de los automovilistas, hace que se asuma la conciencia de que el 1x1 permite que "pasemos todos", y no de montón armando unas trabasones del demonio.
Es cuestión de educación, obviamente. Educación vial.
Educación, a secas.
En Xalapa nos preguntamos cuándo los burócratas de las oficinas de Tránsito Municipal -incluso las del Estado- entenderán que necesitan crear y ejecutar una estrategia para modificar los hábitos de conducción de los automovilistas de esta ciudad capital de Veracruz.
Se necesita creatividad e innovación, porque dinero en abundancia no hay. Pero es obvio que les falta imaginación, y los burócratas que dirigen la corporación viven atrapados en proyectos de largo alcance que se quedarán en sus escritorios, porque no habrá tiempo constitucional suficiente que les permita implantarlos. El sentido común -que es el menos común de los sentidos- indica que "lo primero es lo primero".
¿Por que las administraciones públicas no hacen lo que deben hacer? Los ciudadanos vemos con decepción que se colocan a burócratas improvisados en puestos claves. ¿Qué hace un sobreviviente de la política en una dirección tan técnica como Tránsito Municipal?
Hay políticos que aceptarían, con tal de prenderse de la ubre presupuestal, ser lo mismo Directores de Papanicolau del Centro Médico, que Directores de Obras Públicas, o Directores del Rastro. La cosa es "estar en la jugada".
Así que, ante la impericia de los responsables del tránsito y la vialidad del gobierno municipal de la Atenas, pues lo que veremos los habitantes de la ciudad son más topes. Topes por todos lados; hasta en el Callejón del Diamante veremos topes.
¡Ni hablar, Diódoro!

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