Xalapa, Ver, 6 de febrero, 2009.
Lo dijo el Maestro Yeshúa ha-Masíaj:
"Quién este libre de pacado, que tire la primera piedra". El hombre, lo dijo después Pablo, el Apóstol, queriendo hacer el bien, termina haciendo el mal. Y es que hay en el interior del hombre una tendencia hacia el mal. Nadie esta libre de cometerlo, incluso a costa de su voluntad.
Por eso, los simples mortales como nosotros no juzgamos, solo cuestionamos, es decir, preguntamos. Dios es el único que puede juzgar nuestras obras. Solo Él sondea nuestros corazones.
Preguntamos porque queremos saber.
Vamos, el Padre Maciel fue el fundador de una de las órdenes religiosas católicas más poderosos de México. Lo que el Opus Dei es internacionalmente, los Legionarios de Cristo lo son nacionalmente. Dueños, entre otros asuntos, de la Universidad Anáhuac, los legionarios representan la élite de la catolicidad mexicana, entre curas y laicos, donadores y empresarios que creen que dando dinero pueden salvar su alma. Seguramente habrán léido la Epístola de Santiago -el hermano de Jesús- y habran puesto sus barbas a remojar.
En México, y parece que en todo el mundo, las élites eclesiásticas católico romanas siempre han estado de lado de los ricos, y éstos han buscado congraciarse con obispos y arzobispos para defender sus intereses de clase -otrora dirimidos por los liberales- y porque además asumen que así estarán bien con Dios. ¡Qué ilusos!
Los Legionarios supieron aprovechar estos rasgos de superstición de los ricos de México, que no la fe. Y lograron, como se dice ahora, posicionarse entre éstos -como en su tiempo lo hicieron los jesuitas con los ricos rurales- para penetrar en la élite de la sociedad por medio de la educación superior y un aparente proceso evangelizador centrado más en la manipulación que en la FE.
Pero el Padre Maciel, fallecido apenas en enero de 2008, había sido forzado a dejar el ministerio por órdenes del papa Benedicto XVI, tras constantes acusaciones de más de una docena de hombres que habían asegurado haber sido víctimas de abuso sexual cuando eran estudiantes del religioso. Maciel, como muchos otros de su linaje, fue pederasta y bisexual.
No obstante, el padre Maciel no fue cuestionado y desconocido por sus propios legionarios por su pederastia y por su sexualidad, sino porque "llevaba una doble vida", pues habría engendrado una hija con una mujer que de pronto reclama el asunto, razón por la que el vocero de los Legionarios en Estados Unidos, Jim Fair, reconoció que en vida, el padre Maciel -sujeto ahora a canonización, según parece- habría tenido una conducta sexual "no apropiada para un cura católico. Dicho de otro modo: el mal menor evidenció el mal mayor, ocultado siempre por los curas, incluso por el Cardenal Ratzinger, hoy papa.
Dicho de otra forma, el extinto padre Maciel es ahora desconcido por la Orden que él mismo fundo no por pederasta, sino por romper sus votos del celibato.
Uno se pregunta entonces por qué los legionarios ignoraron, e incluso negaron siempre, la pederastia de Maciel, ocultando los daños en las personas de sus víctimas, que ya grandecitos, lo acusaron públicamente en los medios mexicanos.
Pero no solo fueron los legionarios, sino la estructura entera del clero mexicano y extranjero, quien negó siempre, en claro ocultamiento y complicidad, la conducta ciertamente criminal del padre Maciel.
No se juzga aqui la conducta de los hombres, sino la actitud del clero mexicano que, por un lado se arroga la posesión absoluta de la verdad, y por otra reclama constituirse en guía moral de los mexicanos sin tener el quilataje suficiente para hacerlo. Y los mexicanos crédulos -que no creyentes- seguramente ven cada vez más distantes y lejanos los pasos de sus curas católicos de los del Maestro de Galilea, Luz Verdadera de los hombres.
La Iglesia mexicana hoy día se parece mucho a la vieron los ojos de Lutero, cuando decidió lo que decidió, marcando la historia para siempre. La cosa no esta en que sean hombres de carne y hueso, sino que ofrezcan cara de santidad cuando en realidad son unos pillos y malosos. Por supuesto, excepciones valiosas hay, como en todo.
Y da risa que sea la ruptura de los votos clericales del celibato la que venga ahora a derramar la gota del vaso. ¿Cómo la ves, Diódoro?
¡Cosas veredes, Mio Cid!

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