Los candidatos a diputados, ya federales o estatales tienen, de suyo, graves problemas. En primer lugar, carecen de oferta real y efectiva y estan desprovistos del poder de la promesa que como diputados pudieran presentar a sus potenciales electores, y hacer efectiva una vez instalados en su curul. Y aún teniéndola, no la saben presentar a sus electores, y aún sabiéndolo, parece que éstos no la quieren o no la saben valorar.
Muchos de ellos aprovechan la elección paralela de candidatos a los poderes ejecutivos, tanto de ayuntamientos como de las entidades federativas, y más aún cuando coinciden con la presidencial. Es así como suelen viajar con boleto pagado, electoralmente hablando.
Los candidatos a diputados por los distritos de Xalapa -el rural y el urbano- de todos los partidos no saben qué decir a sus potenciales votantes. Unos, quieren aprovechar la obra del ejecutivo estatal, cuya "omnipresencia" parece ser ya atosigante para muchos ciudadanos. Otros, se montan al discurso anti narco del presidente de la república y, mediante el miedo, sugieren que si no se vota por ellos, entonces la guerra contra la delincuencia organizada cesará, poniendo en grave peligro a la sociedad y a nuestros hijos.
Otros más, desde la frustración del poder no obtenido, aseguran que la sociedad ahora les comprende más y una señora jura que es posible corregir, reconociendo que su pasado voto para la presidencial estuvo equivocado y que siempre es de sabios corregir.
En medio de la batalla atenuada de las campañas diputadiles -primero por el control absoluto de los spots, según la nueva legislación, y luego por la epidemia de influenza- dos líderes de partidos nacionales (PRI y PAN) se dan hasta con la cubeta a través de los medios y por medio de declaraciones en los noticiarios; pero las más fuertes contiendas parecen haberse trasladado al Internet, concretamente al Youtube, con los ahora denominados "youtubazos".
Ahí, los estrategas de la mercadotecnia electoral tratan de aminorar el rating y la preferencia electoral que las encuentas aseguran al PRI. El pan quiere quitarle participación electoral al PRI por medio de ataques y acusaciones de pasados contubernios celebrados por el otrora partido oficial. ¿Y cuál es la oferta política que interesa a los ciudadanos?
Luego, los líderes nacionales del PRI y del PAN anuncian un debate nacional con reglas muy bien puestas sobre la mesa. La dama del PRI, inteligente y experimentada, se enfrentaría al aguerrido "muchachito" del PAN, hábilmente asesorado por un publicista español que recibe fuertes honorarios del partido azul y, seguramente, del gobierno federal. No obstante, ni uno ni otro líder alcanza a comprender que la sociedad no votará por ellos, sino por candidatos a diputados. Entonces, ¿por qué habrían de debatir ellos y no, en cambio, los candidatos a las curules?
El líder del PRD, por su parte, sabedor que su imagen violenta, sustentada en los escobazos incivilizados en plena Cámara, ha desmejorado su presencia pública entre sus electores duros y entre los medios nacionales, entiende que lo que tiene que hacer por ahora es, cuando menos, conservar su registro. Ya vendrán mejores tiempos.
La realidad es que ni los candidatos, ni los electores, entienden bien cuál es, o debería ser, la agenda de campaña de un candidato a diputado. O sea, finalmente ¿qué es lo que debe y lo que en realidad puede hacer un diputado por su distrito y por los ciudadanos? Ese es el punto.
Este desconocimiento empobrece las campañas, y sobre todo empobrece a la política, pero la actitud de los líderes -como el del PAN- la envilece, alejándola de toda consideración ciudadana, sobre todo cuando el mexicano común entiende que la burocracia partidista y los enormes costos de la política son pagados por sus impuestos.
La oferta política de los diputados es meramente legislativa. Un candidato a una curul solo puede ofrecer legislar, es decir, elaborar y aprobar leyes justas que resuelvan los problemas sociales. Debe, además, fiscalizar el ejercicio de los poderes ejecutivos y, si le queda tiempo, actuar como gestor en sus distritos.
¿Pero qué sucede?
Sucede que los diputados responden más y mejor a sus burocracias partidistas, representadas por la nefasta figura del "líder de bancada", que a sus propios electores. Y así, ¿para qué nos sirven 500 diputados de tres partidos grandes y uno que otro pequeño?
Si hubieran cinco partidos representantivos, con 500 diputados y cinco "líderes de bancada", bastarían entonces solo 5 votos para aprobar leyes y obtener acuerdos políticos, y no 500. ¿Para qué tanto gasto, entonces?

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